Bolonia

BOLONIA

Todo aquel que conoce la playa de Bolonia sabe que no deja a nadie indiferente, y es que no es para menos.

Nosotras fuimos allí con la esperanza de pasar un día tranquilo y relajado. Y es que hace dos años habíamos conocido esta maravilla de sitio y casi no lo contamos. Subimos la duna que hay allí mientras echábamos hígado y corazón por la boca.

Recuerdo que aquel año íbamos parando cada 10 minutos, eso sí, mereció la pena el esfuerzo

Como siempre decimos, «todo sacrificio tiene su recompensa » y en este caso son las vistas que te encuentras al llegar arriba espectaculares, lo que hace que merezca la pena.

El caso es que nosotras esta vez queríamos pasar un día tranquilo e íbamos convencidas de esta idea. Además a pesar de estar ya en otoño, hacía demasiado calor.

Ya en el coche decidimos que lo mejor esta vez sería no subir la duna. Nuestra idea era simplemente disfrutar del mar y de la arena finita que tiene la playa.

Pero como no, donde dije digo …. y estas dos motivadas empezamos a picarnos la una a la otra. “ Qué si este año la subimos del tirón” “ Qué menudos fotones podemos hacer arriba”  “ Va ya que estamos hoy aquí es delito marchar sin intentarlo”

 Total, que a las 3 de la tarde  (sí, quizás no la hora más indicada pero somos muy oportunas)  nos dirigimos hacia la duna de la playa de Bolonia, botella de agua en mano.

Íbamos con paso firme ,decididas ,comentando la jugada “ Va no es tan grande ves” “ Está vez del tirón fijo” …y según llegamos a la base de la duna la empezamos a subir como si no hubiera un mañana. 

Spoiler: si hubo un mañana y ese mañana es hoy.

A mitad de duna pinchamos y tuvimos que hacer parada en boxes. El agua empezaba escasear y recordamos lo hermoso de esta duna (nótese la ironía) que es que cuando estas convencida de que lo que estás viendo es el final…otro espejismo  y  toca seguir subiendo.

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A nosotras porque nos gustan las aventuras y los retos, pero no vamos a negarte que la última etapa se nos complicó bastante. Lo que pasa que una vez ahí ya no abandonas, porque el camino de regreso no sabes cómo afrontarlo todavía. Finalmente, arriba disfrutamos como dos enanas y no solo del logro que habíamos conseguido también del espectáculo de sitio. 

Eso sí hoy tenemos agujetas hasta en las pestañas.

¿Tienes alguna experiencia dónde tú también te empeñaste en conseguir algo? Nos hablamos en los comentarios

¡Un abrazote de piña!

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